domingo, 30 de agosto de 2026

CAFÉ TEATRO "LEANA" Y UN PERFUMÍSTA



      Ana Ramírez se dispone a atender a unos clientes en plena tertúlia. Pintura de óleo.


Cuando uno se adentra en su interior crees atisbar un micromundo, una atmósfera que se antoja  lejana en el tiempo, se siente el aroma de heno, a ropa limpia recién tendida al sol. Las camareras elegantes, de negro inmaculado, yendo de mesa en mesa, procurando una atención profesional a la vez que cercana. Una iluminación intimísta, lejos de los horribles neones, nos brindan una cálida acogida.

El pequeño escenario ha sido testigo de miles de confidencias, de arabescos amorosos, incluso de algún que otro reproche; el café-teatro Leana fue y será como aquél Le France, el viejo barco de pasajeros que cobijó a tantos enamorados franceses en lunas de miel y otras veleidades.  

Pero, pocos saben que detrás de todo el artesonado del vetusto café anda suelto, como revoloteándo en su aire el espíritu de un perfumísta. Y decir perfumísta no es cualquier cosa, es como hablar de un alquimísta de los sentidos, un creador de sueños etéreos, de nostalgias diluídas en el tiempo.


Pedro de Leana, mirada incisiva y escrutadora, nariz ligeramente aquilina, labios de resonancias frutales, con un perfil facial que pareciera sacado de un medallón del siglo XVII; es como un patricio que anduvo al servicio de los Borgia, un confidente en los casinos de Murano donde pululaba un tál Giovanni Giacomo Casanova. Aunque tál vez y en esa mísma época tuviese contacto con alguno de los talleres perfumísticos venecianos.

En sus fragancias hemos atisbado el uso de tinturas, -elemento esencial en la perfumería veneciana-; algo que imprime fondo y robustez a una fragancia y que actuálmente apenas se usa. Probamos sus perfumes "históricos" y nos parecieron de una verdadera exquisitez por sus resinas, inciensos sutíles y una presentación elegante. 

Aunque lo que nos hizo volar la cabeza, tál y como ahora se dice cuando una fragancia te provoca sensaciones de altos vuelos fue: Gaudí L´Aigua. Es el cálido homenaje que el perfumísta Leana hace al genio catalán. Toda una sinfonía de sensaciones que estallan en una fragancia sin aristas, redondeada, atalcada, con un potente regusto cítrico, siendo además de una proyección y duración best mode. 

Cuando un artista realiza semejante obra su espíritu por fuerza ha de estar en paz con el cosmos, y también cuando el creador habita en un edén, porque edén es el singular espacio romano del Balneario Leana.

Puede que el perfumísta coleccione puestas de sol en la maravillosa terraza del Café-Teatro, mientras degusta un refrescante combinado tropical, procesando en su mente vertiginosa aceites de bergamota, vetiveres de Java, olíbanos y palosantos, pasando por el sector molecular y aldehydos donde los calones, almizcles, ámbares, etíl martol e iso e super junto al dipropenglicol forman un puzle a la espera de su resolución.

Oteando un horizonte exótico, enjaezado de palmeras y una pequeña playa artificial el perfumísta ensaya fórmulas para un perfume que pinte e ilustre semejante paraíso. 

Giovanni R.Tortosa.


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