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jueves, 23 de septiembre de 2021

LUIS MOLINA, UN PINTOR AMANTE DEL TORO

Al igual que existen aficionados toreristas y toristas, en la pintura taurina están aquellos pintores que han dado preferencia al torero y aquellos que su arte ha derivado hacia el toro. Zuloaga o Vázquez Díaz se sitúan como retratistas de toreros; otros como Julián Alcaraz dedicó su oficio a exaltar la belleza del toro. El pintor de Blanca (Murcia), Luis Molina utilizó su inmenso talento pictórico para enaltecer la figura de uno de los animales más atractivos y cautivadores: el toro bravo.


El toro en la dehesa, sólo o acompañado de la manada, junto a los mayorales a caballo, bebiendo en una charca o bramando al viento en un atardecer lujurioso de tonalidades calientes. Plasmar la morfología de un toro de lidia no es nada sencillo; no es pintar una manzana junto a unas uvas para conformar un bodegón, ni hacerlo sobre un paisaje inerte. Transferir la gran carga estética que conlleva un animal fiero, incierto y repleto de misterio como es el toro bravo es tarea harto complicada, pero si se consigue puede ser lo más fascinante para su autor.


Por ello, cuando observamos pinturas o carteles taurinos, de inmediato podemos advertir si el autor es o no aficionado a la tauromaquia. Porque aquí no pueden haber enmascaramientos, para insuflar vida a una escena de corte taurina se tiene que ser aficionado a carta cabal. A través de sus pinturas, Luis Molina ha rendido homenajes a toros en su plenitud, a los diferentes pelajes de capas, a los diversos tipos de encornaduras y todo aquello que huela a campo bravo. Su pasión no quedó ahí, porque el pintor de Blanca tuvo tiempo y gusto exquisito para inmortalizar a toreros. Ejemplos como Pepín Liria o un jovencísimo Víctor Puerto que posaron para el. También lo hicieron novilleros de aquellos "prometedores", que al fin y al cabo fueron flor de un día.


Cuando alguien se va de este mundo solemos entonar plegarias emotivas, donde recogemos las excelencias, las bondades de quien partió a otros confines. La figura  de Luis se difuminó con 88 años, pero tuvo el gran lujo de dejarnos su inmensa obra pictórica. En la estela poética que dejaron sus toros sobre el lienzo, seguiremos sintiendo su latir de hombre bohemio, de quien sólo vivió para pintar, de haber sido un enamorado de la vida.

 


sábado, 11 de septiembre de 2021

SE NOS FUE UN PINTOR DE LOS DE VERDAD, LUIS MOLINA

      
Le conocí a través del amigo y colega Rogelio Gil-Serna. Luis solía visitarle en Abarán; allí en el mesón "Alaska" compartían algunas "cañujas", aunque Luis era más bien de vinos. Las primeras obras que vi de él eran retratos de toreros de gran formato. Estaban pintados al óleo sobre tablex, con una técnica primorosa, de un "sfumato" realmente bello. Tenían algo de renacentistas, quizás por esa suavidad de las formas. Aparte de los conceptos técnicos, Luis poseía ese ojo clínico para el retrato: lograba unos parecidos entre el modelo y lo plasmado que eran de una contundencia absoluta. Nada más tratarlo por vez primera,  supe que el pintor Luis Molina no era persona aduladora, de aquellos que te dan lustre, te regalan los oídos y a la vuelta te ponen verde. Su mirada escrutadora, incisiva como un halcón era lo suficientemente expresiva como para marcar los terrenos, de saber que se trataba de alguien que gustaba de la honestidad; de ser claro y rotundo sin ambages. Años después de aquél primer encuentro en Abarán fui testigo de una anécdota que revela al personaje, precisamente por esa rotunda sinceridad: habíamos coincidido en una galería y la propietaria del local había decorado unas columnas de dicha galería a base de colores primarios, mezclados entre sí, sin mayores refinamientos. Le preguntó a Luis acerca del resultado obtenido y éste sin más contemplaciones le respondió: "eso es un chafarrinón horrible". La galerista, un tanto humillada, todavía sacó orgullo para replicarle: "Luis, que las he pintado yo". A lo que el pintor de Blanca respondió: "aunque lo hubiese pintado Velázquez me seguiría pareciendo horrible". Imagino que a partir de aquel desenlace los tratos entre galerista y pintor no irían muy lejos.
Luis Molina junto a su hijo, el pintor Fidel Molina. Ante todo, Luis Molina fue pintor-pintor, de los que su nombre habría que enmarcar con letra gótica. Y decimos esto, porque en el mare magnum del arte, cualquiera se otorga la licenciatura de pintor, cuando sabemos lo difícil que es reunir las cualidades para ello. Puede que, Luis, con ciertas dosis de ingenuidad, considerase que la obra hablaba por sí sola, que esa obra sería suficiente para otorgarle un gran prestigio como artista. Pero la obra por sí misma no te respalda nada, al menos en España, y mucho menos en Murcia. La carrera de artista pintor ha de sellarse con el estigma oficialista, ponderado y bendecido por los medios de desinformación, y que el autobús del partido político imperante te pille subiendo en el. Que tengas que sacrificar el tiempo del propio trabajo para asistir a saraos de dudoso gusto; y que siempre tengas a mano una frase aduladora para el regidor de turno. Eso te garantiza la revalorización de la obra, por más repetitiva y cansina que ésta sea. Alguna calle le pondrán tu nombre, incluso si se es perseverante en la causa hasta te pueden dedicar un museo.
El maestro Rogelio Gil-Serna, gran amigo de Luis Molina. Todo eso no entraba en la particular filosofía del pintor de cabellos blancos y ojos de gris azul. Él no estaba por esa labor de zascandileo permanente, en esa feria de vanidades donde los ególatras sacan el cuello como un pavo real, a la vez que sacuden sus lujuriosas plumas salpicadas de orgullo y auto complacencia. Con esa misma forma de ver las cosas se fue el mejor pintor que tuvo Cieza, Jesús Carrillo. Serían dos historias paralelas, dos espíritus que no estaban por la labor de ser meros productos de mercado; ellos tuvieron más dignidad. Vivieron para pintar, independientemente que sus obras tuvieran mayor o menor eco. Ellos se sabían grandes en su interior; trataron todo tipo de temas: retratos, paisajes, bodegones, marinas, etc. Dominaron diversas técnicas, pintaron con todos los registros cromáticos, y ante todo pintaron, no dibujaron. El destino quiso cruzarme por última vez con Luis Molina, y fue en el restaurante "Mesón del Moro". Él estaba comiendo junto a su hijo Fidel, también pintor y su pareja. Y como si una bella historia se cerrase, allí estaba la persona por quien conocí al pintor blanqueño, el maestro Rogelio Gil-Serna. También sería el maestro Gil quien me comunicara su muerte. Sólo nos queda el saber que tuvimos un amigo fiel, alguien que respiraba arte incluso cuando saboreaba una copa de vino. Que vivió como un solitario frente al destino, y que nunca vendió su alma al diablo por un cachito de gloria.

domingo, 11 de octubre de 2020

LAS "LISONADAS" DE JOSÉ MARíA LISÓN





Las "lisonadas"; así se expresaba Pascual Piñera cuando quería hacer referencia a las obras de su amigo José María Lisón. Hoy, transcurridos algunos años de la muerte de un pintor, pero sobretodo filósofo de la vida, tal como fuera Piñera, su amigo y colega Lisón quiso brindarle unas muestras de su ampuloso mundo pictórico. Ese mundo intrínseco que destila ironía y sarcasmo, ternura y un particular concepto del vivir.

José María Lisón tuvo el buen gusto de no dedicarse por entero al arte. Se ha librado de vivir situaciones que mucho tienen que ver con la filosofía del absurdo y toda la neurosis que emerge de ello. Él vive de su profesión y tiene la pintura y escultura como un bálsamo para llenar su vida de grandes emociones. Prolífico y denso, de su obra también refulgen chispazos de humor, de un humor impreciso que proviene de alguien que observa la vida desde una personal cúpula; como si otease el horizonte con unos prismáticos de ir a las carreras de caballos.

Lo más interesante de estas obras de Lisón, al menos para nosotros, sería la provocación intelectual que ejercen sobre los espectadores; ante ellas no se puede estar indiferente y suscitan la reflexión personal de cada cual. Después llegaría una clara ambigüedad que se cierne sobre muchas de estas pinturas y esculturas. El ejemplo más contundente lo tendríamos en una "performance" sobre Picasso, donde el autor desgrana una serie de símbolos, colocando al ilustre creador malagueño en una tesitura donde podría estar el alabado por siempre, genio universal, el que partió el arte en dos; ¡digamos que Picasso es el dios de la pintura!...Y por otro lado, también tendría cabida el Picasso con fama de huraño, maltratador, quien cambia la J por una P en las firmas y hace pasar pinturas del padre como si fueran suyas, cuando era un jovencito aspirante a la gloria; el pintor-vampiro que se apropia de tendencias creadas por otros, como por ejemplo el cubismo. Manuel Vicent lo considera un superviviente de su tiempo, y mientras la mayoría de sus colegas que habitaban en Montmartre morían por sobredosis o  alcoholismo siendo muy jóvenes, o mismamente se suicidaban; el genio español trabajaba como un chino y eso le hizo ganarse la confianza de galeristas y marchantes. Ese fue su gran éxito, trabajar más que nadie. Luego, sus amigos escritores harían el resto.

El homenajeado Pascual Piñera debe sentirse inmensamente feliz allá donde se encuentre; no es para menos con el festival de arte que Lisón le regaló. Y muchos se preguntarán a estas alturas, quien era Pascual Piñera. En su modestia, Pascual no era nada y lo era todo; un hombre que no hacía gala de nada, que pintaba por puro placer, que de vez en cuando se dejaba caer por París, donde residía su hermano Manuel. En su porte siempre había un retazo de elegancia y galantería. Fumaba intermitentemente, solía lucir una barba no muy poblada, como una sugerencia más que un hecho. Su voz tenía la modulación y tono intimista, pero sobretodo hablaba con gran riqueza verbal, su decir estaba sembrado de matices que nos hacían cómplices inmediatos de sus relatos. De sus conocimientos sobre el mundo del arte nos alimentamos quienes estábamos todavía verdes. Hablaba de Francis Picabia o sobre Leonor Fini, con la naturalidad de quien es pariente de ellos. Cada vez que pinto al pastel le recuerdo, ya que él fue quien me indujo a ello, cuando uno no tenía la menor idea de aquella técnica. En definitiva, gracias mil a José María Lisón por habernos sugerido y a la vez enaltecer la memoria de alguien que ante todo fue un apasionado del vivir...

Fotografía de Crónicas de Siyasa.
 

martes, 1 de septiembre de 2020

PEDRO AVELLANEDA, AROMAS DE PAISAJE AZUL

 


Un matrimonio de mediana edad se siente conmovido por la belleza plástica de un paisaje del pintor Pedro Avellaneda. Después de haber cotejado otras opciones, deciden comprar aquel cuadro, y piden precio a la galerista. Dicho precio les satisface, pero han de ir al cajero más próximo para hacerse con el dinero. La escena se produce en la llamada zona comercial "Centrofama" de la capital murciana, justo en la galería "Art Nueve".
Apenas transcurrieron diez minutos, cuando retornó el matrimonio con la finalidad de pagar el cuadro y llevárselo a casa. Todo muy normal.

Mari Ángeles Sánchez, galerista de Art Nueve se dispone a envolver la obra con el clásico plástico de burbujas, cuando uno de los clientes se percata de la firma y exclama: -¿entonces, éste es el famoso Avellaneda? El silencio se hace presente, pasan bastantes segundos para que la galerista se pronuncie, y lo hace con gesto ligeramente contrariado, ella sabe de qué va el asunto: -¡bueno, este cuadro es de Pedro Avellaneda, pintor de Cieza; y puede que usted se refiera a Manuel Avellaneda, el otro pintor también de Cieza!... Entre ellos hay un intenso cruce de miradas, y lo que fue inicial entusiasmo por un paisaje al óleo, ahora parece desvanecerse, y todo porque en vez de figurar una M en la firma, figura una P.

El desenlace parece obvio: al no tratarse de un cuadro del "famoso Avellaneda", el matrimonio pide disculpas a la galerista y se marchan de vacío.  A pesar de haberles entusiasmado, creyeron que la firma estaba por encima del placer que les producía aquél paisaje. Y aunque pueda parecer un hecho exótico, estas situaciones son de lo más corriente en lo que denominamos "trastienda del arte".

Manuel Avellaneda Gómez es el "famoso Avellaneda"; famoso para la docena de coleccionistas de cierto relieve que se dan en Murcia. Pintor nacido en Cieza, y sobrevalorado gracias a su pertenencia a la galería con mayor calado de la capital. No sólo él, digamos que todos los artistas que figuran en esa "escudería" lo son. Ahora, algunos de esos coleccionistas intentan revender obras que compraron allí y no consiguen que les paguen ni tan siquiera el cincuenta por ciento de lo que pagaron.

Pedro Avellaneda Baño, de profesión sastre, ha sido uno de los pintores que marcaron mi infancia. Mis primeros óleos tuvieron sus ecos; antes que copiar a Velázquez o Goya lo hice con pinturas de Pedro. En la desaparecida droguería "Esparza" vendían materiales para pintar, y tenían un escaparate con algunos cuadros de Avellaneda. Desde aquel escaparate yo tomaba apuntes de sus cuadros, para luego pintarlos en casa. Recuerdo la vieja sastrería, situada en la calle san Sebastián, a escasos metros de la confitería "el Lorito". Allí, en el centro había una gran mesa donde Pedro hacía los cortes y ajustes de los trajes; en el fondo de aquél salón colgaba un cuadro hermoso y emocionante, al menos para mí: el estanque del "Menjú" con su escultura de figura femenina en el centro, rodeado de pinos y con fondo de atardecer. Hubiese dado cualquier cosa por haber poseído aquella pintura. En aquellos años de mi infancia artística, aquel paisaje bucólico, pertrechado de azules y violetas, salpicado con grises tostados y anaranjados fue mi fetiche pictórico. Tampoco se quedaba atrás, una de sus obras, que había sido premiada con el "Catavinos de Plata" en Málaga; cuadro perteneciente a la colección privada de Joaquín Jordán.

Los paisajes de Pedro Avellaneda están localizados en el Valle de Ricote, también Aledo, Mula, Cajitán, y alrededores de Cieza; pero él tiene siempre un pie en el impresionismo francés. Probablemente, los azules de Monet quedaron impregnados en su memoria artística. Esa enorme gama de azules me conquistó, desde que conocí su obra. Una obra extensa, donde los óleos y acuarelas tenían la primacía sobre otras técnicas. Siempre tuve la sensación, que Pedro era un solitario, realmente feliz pintando, con su caballete frente a las serranías salpicadas de arbustos, olivos retorcidos y almendros floreados; todo ello reconvertido en suaves melodías del viento a través de sus empastadas pinceladas. Porque no importaba, que ese día fuera viernes santo o domingo de "Resurrección" para que él se abandonara a sí mismo en plena naturaleza para teñir los silencios de un lienzo en blanco.

En ocasiones, Pedro se lamentaba del trato que le habían dado algunos galeristas de Murcia. Le ponían trabas para mostrar su obra, siendo esta de contrastada calidad, y junto a Jesús Carrillo, los mejores paisajistas de Cieza. Pero, la sombra del otro Avellaneda parecía ser mas alargada, y estos profesionales ponían piedras en el camino. ¡Claro, él era un artista puro, alejado de los cenáculos artistico-políticos, de los que ponían y quitaban!...

La recién estrenada "Asociación de Artistas Ciezanos", ha tenido el buen gusto y mejor detalle, de homenajear al gran pintor que es Pedro Avellaneda, haciéndole socio de honor en dicha corporación. Un artista prolífico, exento de vanidades, alejado del aparataje mediático, cuya pasión por la pintura le ha hecho ser un trabajador impenitente, dejándonos sus obras, cargadas de musicalidad, amor por la naturaleza y un guiño al destino desde la atalaya de sus noventa años.



 

sábado, 23 de enero de 2016

MANUEL GIMENO "PINTOR ETERNO"

  


  
Fue un pintor con mayúsculas; -aunque no llegara a ser profesional. Tampoco eso fue determinante en su labor artística. Cuando un artista vuelca todo su corazón, la pasión le desborda y las energías se transforman en sueños delicados sobre papeles o lienzos, lo demás esta de sobra.



   Gimeno; hombre de figura esbelta y precisa, de mirar mas allá de la piel de las cosas, quiso ser consecuente con lo que su alma le exigía: sacar el mayor provecho a su talento natural; exprimiendo todas aquellas tecnicas pictóricas que le proporcionaran el hondo placer que toda conquista estética provoca en el sentir de un creador plástico.



   Nacio en pleno Baix-Vinalopo, en concreto en Hondon de las Nieves. De dicha tierra constan numerosos paisajes que soslayo con alma de enamorado de tan hermoso enclave.



    Busco en la figuracion, en un realismo lírico, donde se posa el duende del sentimiento y la gracia de un artista que recrea aquello que le es cercano, familiar, intimo... Y por ello también pinto sueños, en la querencia de un mirar mas allá de los propios sueños.



   Trabajaria durante muchos años en Suiza, como pintor decorativo, hasta que decidió regresar a su país para entonces ejercer como funcionario de mantenimiento en el hospital general de Elche. Casado, tuvo dos hijos: Gloria y Alfredo; -fotógrafo de modas en Londres.


                          Cuentan los que le trataron; -entre ellos, su gran amigo, el fotógrafo Jesús Carbonell-, que era persona divertida, afable y que salpicaba de arte cualquier momento, a cada instante. Si tomaba un café con alguien, aprovechaba la situación para esbozar unas lineas en forma de apunte y su talento no solo quedo en lienzos, también en paredes, chimeneas, alacenas; incluso en coches.


          El pintor Gimeno, de pie, en el margen izquierdo de la fotografía. Fotos Jesús Carbonell.
                                                                         Se marcho demasiado temprano, con los colores de los atardeceres que tan amorosamente plasmo en sus paisajes. Siempre es demasiado pronto para cualquiera, pero mas doloroso y frustrante lo es para alguien como Gimeno, con un equipaje tan repleto de cosas por hacer, de ilusiones etéreas que pintar, de tantas cosas por vivir; -de un vivir zozobrante, de sentir que uno quiere traspasar lo eterno con unos humildes pinceles, de pensar que solo somos pavesas de humo llevadas por el viento....
                                       Giovanni R.Tortosa

  

miércoles, 25 de febrero de 2015

VÏDEO-OBRA PICTÓRICA-GIOVANNI R.TORTOSA

Pinturas de GiovanniR.Tortosa. Música de Gérard Lenorman.

miércoles, 18 de febrero de 2015

ERNEST DESCALS

                  El artista Ernest Descals en su estudio.

     Ernest Descals es un vampiro moderno, que sale nada más despuntar el sol, para reencontrarse cada amanecer con el paisaje que alimentará su sed de lujuria estética y espiritual. Al igual que los vampiros de leyenda, clavará sus espátulas y pinceles en los intersticios de montañas, valles y arbustos. Sentirá como suyas, las luces plateadas, los reflejos dorados sobre las ásperas tierras, y al final poseerá;-como se posee a una amante insaciable,- el fragmento elegido para reverenciarlo en el cuadrilátero del lienzo.


                     El artista en la vorágine de su estudio.

    Heredero fiel de la escuela paisajística catalana: Olot, La Garrotxa, Pirineos, y la Costa Brava son escenarios donde libaron las mejores esencias : Anglada, Meifrén, Terruella, Masriera, Vayreda, Mir y tantos otros intérpretes de tan venerados parajes.
    Quedan pocos lugares en España, donde el artista catalán no ha colocado su caballete de campaña. La plástica de sus paisajes tienen todos los resortes para hacer vibrar al espectador. Las texturas (expresión tan de moda entre cocineros) de sus obras tienen cada vez mas empaque; recordando a un brujo en el manejo de la materia como fue Josep Serrasanta.


          Ernest y una amiga,en un hotel de Lloret de Mar.

   El genial Pla  dividía a las gentes de Manresa, entre: "los que poseen una curiosa mezcla de personas extravertidas, exuberantes y abiertas; típicas del litoral y las que son introvertidas, silenciosas y cerradas"... Y yo creo que Ernest pertenece al primer grupo. Porque el artista de Manresa no se conforma con mostrar sus obras; también desnuda su personalidad ante amigos y aficionados de su arte. Nos regala imágenes inéditas, como cuando juega al futbolín, sus veraneos; -tan acuáticos y luminosos como el mismo mediterráneo. Las idas y venidas con familiares; detalles sentimentales que le hacen tan cercano y entrañable.


          El maestro junto a una pintura suya sobre Cadaqués.

    Y al final de la jornada, el pintor retornará a su estudio y puede que pinte otros temas; pero serán sus adobados paisajes, los que a la postre le consagrarán como un auténtico "gurú" de la paisajística internacional....
                                    Giovanni R.Tortosa
Fotos: Ernest Descals Blog

viernes, 30 de enero de 2015

EL ESTUDIO-ATELIER

   La antesala del estudio con "Sueños en un museo" como fondo.

   Son los espacios donde el artista pasa casi la totalidad de su vida: el estudio; -lugar que cobija los anhelos, los sueños creativos y también son mudos testigos de las frustraciones.

           Antesala del estudio, donde se cobijan ciertos elementos                 decorativos como plantas y algunos cuadros.


  Por ello los artistas intentamos que estos
"refugios" tengan toda la calma y a la vez que resulten agradables, que propicien un bienestar;-ya que el tiempo pasado entre sus paredes es infinito.
Los techos abuhardillados siempre les otorgaron sensaciones de leyenda. Posiblemente su origen proviene del París del diecinueve.

El artista-pintor, que no suele ser un oficinista ni nada parecido, no puede mantener un estricto orden; se mueve entre tantos cachivaches, herramientas y demás enseres con absoluta naturalidad. Sabe que puede vivir entre un desorden que controla y que vendría a ser un "desorden-ordenado".
Las velas aromáticas y el incienso no pueden faltar en un ámbito intimista como un estudio.

La música y los aromas son complementos que pueden hacer mas sensitiva una sesión pictórica. Los olores de incienso también sirven para maquillar los otros olores propios de semejante lugar: trementina, aceites, barnices, etc.
               Hasta los armarios pueden revestirse de arte.

Las plantas, acompañantes fieles; ponen la nota de frescura y elocuencia natural. Junto a otros objetos como pinturas y alguna antigüedad complementan una atmósfera ya de por sí embriagadora;-al menos para los que somos sus inquilinos.


    La adorada luz mediterránea se posa en cada elemento del lugar.



                              Caballete, pinceles y capote torero.



             Paletas, estrellas de mar y un guiño a Venezia.



     Las "puertas pintadas" con motivos florales forman parte del            ambiente de esta casa- estudio  del pintor Giovanni R.Tortosa.



Tabla de Escuela Lombarda, siglo XVII, junto a un candelabro ponen el punto místico.

Textos y fotografías de Giovanni R.Tortosa.

martes, 23 de diciembre de 2014

LUZGARDO PRECIADO

          Mientras Luzgardo tocaba "Para Elisa" en el piano, sus hermanas: Maria Jesús y Charo danzaban cadenciosamente en medio del vetusto salón de techos altos, arañas de luz y muebles con aromas de otras épocas. Por las ventanas se colaba una tamizada luz de primavera y sólo faltaban los tules y zapatillas clásicas de danza para que aquella atmósfera tuviese los mismos registros y ecos del pintor francés Degas.
     Aquel escenario era una de sus querencias; pertenecía a la casa de su adorada abuela. También aquello conformó la primera visión y sensaciones que tuve de Luzgardo y sus hermanas.

     La hilarante vitalidad que desprendía era como una llama electrizante. Como buen Leo, el fuego parecía inundar su aura, y su locuacidad verbal era una catarata incontenible; donde al igual que en los buenos vinos, habian recuerdos florales, vestígios de fruta fresca, hierbas, vainilla o madera tostada. En él, los recuerdos de Nefertitis, Leonardo, Isis, Verrochio, Buda, la mitología griega con todos sus dioses y demás pléyade. El mundo oriental y su simbología, Egipto y sus faraones, el exotismo de sus liturgias, todo ello servía para los condimentos de la obra pictórica de Luzgardo.
     El desaparecido "Liang-Sang-Poo" era uno de sus "parnasos" particulares. Allí pasaba horas, dibujando o escribiendo, -mientras tomaba un sorbito de té-.Donde fuera siempre le acompañaban sus lápices, rotuladores y cuadernillos. Luzgardo no entendía  de tiempos muertos, espacios en blanco; todo en él era febril creatividad. Hijo de un ilustre poeta: Tomás Preciado y una madre: Rosario, que siempre respaldó y respetó su talento. Vivió apasionadamente la vida, su vida particular, y siempre teñida de trazos y colores que le hacían viajar a otros confines: sus mundos soñados, donde él ejercía de sumo sacerdote en exotéricas liturgias donde se fusionaban siglos de historia y arte.
La última vez que le vi, fue en su tierra, Hellín. Eran las fiestas patronales y lo hallé en el interior de una caseta estilo andaluz. Su hermano mayor: Tomás, se marcaba unas "sevillanas" y Luzgardo quedaba al fondo, sentado junto a una mesa; nada más atisbarlo me dirigí a él, nos dimos un abrazo; -habían transcurrido muchos años sin vernos-. Le presenté a una amiga, marchante de arte catalana; la cuál me acompañaba. Le hablé con entusiasmo de la obra de Preciado y después de una charla con él, quedamos en regresar otro día para visitar su      estudio; pero no pudo ser, mi amiga hubo de regresar antes del tiempo programado....  
Lo que sí quedó grabado en uno, fue la imagen de Luzgardo; que evidentemente no se parecía en nada al pletórico Luzgardo que yo había conocido. El sortilegio de sus palabras ya no figuraba entre sus encantos, ni su mirada desprendía la luz reverberante de otros tiempos; y aunque todavía pintaba, parecía que sus ilusiones tenían matices otoñales. La vida le había recubierto con un espeso barniz de melancolía, el magnetismo del ayer había desaparecido.
Luzgardo Preciado fue un torbellino, una rémora escapada del Renacimiento italiano para instalarse en el siglo XX. Aunque muchos no le entendieran. Raramente la sociedad suele comprender a los genios; y Luzgardo lo era.
Quedarán cientos y cientos de dibujos, su imprecisa caligrafía en multitud de escritos, más su mirada elocuente y ensoñadora se diluyó para siempre en los amaneceres y crepúsculos de Hellín, tal vez de Chinchilla o en su viejo estudio mientras suena una melodía de Sally Olfield, quién sabe............
Giovanni R. Tortosa
     Fotografías de Maria Jesús y Luzgardo Preciado.                            
              

martes, 20 de diciembre de 2011

PROCESO DE UN ÓLEO (Giovanni Tortosa)






Sobre una superficie blanca, en este caso se trata de lienzo de grano fino, previamente preparado con dos finas capas de "gesso" me dispongo a realizar una pintura al óleo en el sistema "alla prima", una técnica donde se pinta directamente, aprovechando la frescura de los colores al óleo antes que estos sequen.Previamente dibujo con lápiz pastel el contorno así como las zonas sombreadas de la figura. Con un pincel medio de tipo plano aplico tintes oscuros de óleo aderezado con trementina. Con el fin de ir rescatando la cabeza del modelo insinuo un fondo oscuro, a la vez que voy trabajando las zonas en sombra del modelo para posteriormente trabajar los medios tonos. Las luces se irán consiguiendo después así como ciertas texturas a base de un óleo mucho mas denso y pastoso aderezado con aceite de lino, trementina y barniz holandés. Los detalles pondrán punto y final a la labor pictórica en este desnudo de espaldas.

viernes, 4 de noviembre de 2011

"LA TENDRESSE DE L´ADOLESCENCE" de GIOVANNI TORTOSA


RECIENTE OBRA DEL ARTISTA PLÁSTICO GIOVANNI TORTOSA, DONDE UNA VEZ MAS RECREA EL INTIMISMO FEMENINO, AHORA EN LA FIGURA DE UNA ADOLESCENTE. PINTURA AL ÓLEO DE CLAROS CONTRASTES, CON PREDOMINIO DE LA LUZ, ENVOLVIENDO EL ROSTRO GRÁCIL Y DELICADO EN UNA ATMÓSFERA DE TONOS OSCUROS, SIENAS, PARDOS Y GRISES TAN CARACTERÍSTICOS EN LA PINTURA DE ESTE ARTISTA, CON EVIDENTES ECOS DE CLASICISMO.

jueves, 12 de noviembre de 2009

LEANDRO SILVA




Fué uno de los grandes enamorados de Segovia, escogiendo la mágica ciudad castellana para vivir y a la vez crear uno de los más bellos espacios ajardinados, a los mismos pies del Alcázar como es el "Romeral de San Marcos", junto al rio Eresma. Leandro Silva Delgado, nacido en Salto (Uruguay), tenia las elegantes formas de un "dandy", de un distinguido viajero del siglo XIX. Estudió en la Escuela de Bellas Artes de Paris, así como en la Escuela Superior de Paisaje en Versalles. Arquitecto, paisajista, pintor y grabador, Leandro llevó una intensa actividad por diversos continentes, atendiendo encargos de particulares en los temas de jardines.


"Como paisajista, opino que las flores deberían estar en su sitio, en la planta, en el jardín, y siempre tengo tendencia a disculparme cuando las corto. Pero creo que también se justifica el arreglo floral. Es una forma de atrapar un trozo de naturaleza y llevarla a tu casa, a tu mesa de trabajo, ya que pasarte a diario por un parque o jardín se ha convertido en un lujo. Este ha sido el origen de los grandes temas florales que hemos visto plasmados en la pintura".......Así expresaba Leandro Silva su pasión por la naturaleza. Murió en Segovia, en el año 2000....

sábado, 4 de julio de 2009

FUENTETAJA Y SITGES.
















...."Sitges, donde el vino es malvasía, la costa es oro, azul el cielo, y fuego las mujeres, y donde todo se mueve en una atmósfera de vida". (Santiago Rusiñól). Sitges no solamente dejó de ser un pueblo pesquero, para transformarse en un enclave turistico, sino que supo atraer y aglutinar a un buen número de artistas, especialmente pintores, en torno a su emblemática plasticidad. Tanto Rusiñól como Charles Deering se instalaron y dieron vida a este sitio, que habilitaba sus playas para comerciar como única forma de contacto con el exterior.





Arcadi Más y Fontdevila y Joan Roig Soler serian dos artistas que fundarian la escuela luminista de Sitges. Luego llegarian Antoni Almiral, Joan Batle, Joaquím de Miró, Joan Soler, Joaquím Sunyer, Ramón Sanvisens, Mestres Cabanes, y en las últimas décadas Francés Silué, Miguel Blesa y José Luis Fuentetaja.





José Luis Fuentetaja (Madrid, 1951), vive en Sitges desde los años setenta, encontrando en este lugar, el ideal para vivir su intensa pasión por la pintura, siendo escenario propicio para muchas de sus obras. Personajes callejeros como Serafín, quien hace de los cartones, su medio de vida, las desconchadas fachadas de casas, en calles que desembocan en el Paseo Marítimo, como la calle Carreta, donde se ubicaria uno de los primeros estudios de Fuentetaja, y en cuyo interior, el mismo pintor se autoretrata junto a la modelo, -modelos que siempre son más que modelos-, y donde se atisba la incertidumbre, el desasosiego, pero también la discreta y secreta felicidad que dá el saberse artista, aún con toda la carga de soledad, a veces incomprensión y la continua duda del creador frente a la siempre confusa realidad del mundo del arte.....

miércoles, 17 de junio de 2009

"A CONTRALUZ" Giovanni Tortosa-DESSIN AU PASTEL-FIGURA-DESNUDO-PAINTING-PASTELLO DISEGNO


Pastel sobre cartón. 65x50 cms.

JESUS CARRILLO In Memoriam









De vocación tardia, Jesús Carrillo Villa inició su carrera artistica ya cercano a la treintena. Nacido en Cieza (Murcia), entendió que su vida deberia encauzarse por los caminos de la pintura, y así lo hizo, abandonando su trabajo como empleado en Renfe, para así iniciar sus estudios en la escuela de Bellas Artes de Madrid. Aunque allí obtendría la titulación de profesor, lo que es aprender técnicas y sobre todo el oficio de pintor lo haria al lado de reputados maestros como Izquierdo y Vives y especialmente con Julio Moisés, con el que estuvo doce años.



Su labor pictórica transcurrió en Madrid, y en la céntrica calle de La Bolsa tendría su estudio, dejando ver sus obras cada temporada en la galeria "Toisón", en calle Arenal, durante más de veinte años. Carrillo fué pintor de honda formación académica, con un perfecto conocimiento del oficio. Nunca intentó crear nada que se apartase de su concepción clásica del arte. Su temática se diversifica en la captación paisajistica, especialmente de su tierra, y en concreto de Cieza; bodegones con elementos de caza y otros enseres domésticos. El género del retrato también lo cultivó, aunque de manera esporádica.
El pintor, en plena tarea; plasmando uno de sus paisajes favoritos.(Foto Fernando Galindo)

Un hombre discreto, entregado a su profesión, sin ínfulas de divismo,exento de vanidades, alejado de los pesebres oficiales, sincero y honesto en su arte, y que tendría en su tierra natal el mejor escenario para sus adobados y luminosos paisajes, nunca tuvo el reconocimiento oficial que realmente mereció. Por no figurar, ni aparece en la Historia de Cieza , en su apartado de artistas locales. El que más veces pintara con intensidad de enamorado los enclaves de su tierra y siendo el pintor local con mayor número de exposiciones en la capital de España no tenia un ápice de reconocimiento entre autoridades, intelectuales, pseudointelectuales, colegas y demás personal relacionado con el arte. Sólo algunos coleccionistas supieron ver en la obra de Carrillo el interesante mundo plástico y la atmósfera poética y sugerente que envolvia su obra....Porque Jesús Carrillo simplemente fúe un buen pintor, y ser un buen pintor ya es dificil y complicado.......