"SACROMONTE"

"SACROMONTE"
"CONTRALUZ" (Detalle) Oil on canvas. Giovanni R.Tortosa

DESNUDO-FIGURA-PASTEL-GRAFITO-INTIMIDAD-REALISMO

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TORTOSA ART COLLECTION ---- giovannirtortosa@gmail.com

miércoles, 13 de junio de 2012

"HISTORIAS de un MARCHANTE de ARTE" (PARIS)

Fachada del hotel "Drouot" en París

Anne y Gérard se encontraban arrellanados en uno de los confortables sofás en uno de los salones "Richelier" del hotel Drouot. Desde 1870 el hotel Drouot era la mayor sala de subastas de París. Allí se daban cita todos los profesionales del mundo del arte, en su intención de hacerse con algunas de las obras que allí se exponían. Compartian sendos vasos de whisky en sus manos.Se les veía como una pareja de diseño moderno, perfectamente encajada. La similitud en estatura, edad y complexión física en general era bastante precisa entre ambos..
Los salones del hotel resplandecían con el fluir de la gente que esperaba asistir a la subasta. Se subastaban algunos cuadros impresionistas y de la "Escuela de París" junto a algún lote de pintura antigua. Gérard contaba a Anne el pacto previo que hacían algunos colegas suyos con el fin de adjudicarse las piezas que a cada uno le interesaran sin necesidad de calentar demasiado las pujas.Era algo habitual en el previo de toda importante subasta. Gérard se mantenía tranquilo al lado de Anne. Su interés en aquella subasta se centraba en una tela del pintor español Romero de Torres. El sabia de la escasa valoración que en París se tenia por este tipo de obras. Las mujeres morenas de verde luna pintadas por el pintor cordobés no tenían el eco y resonancias que en España. Por lo cuál Gérard, -salvo sorpresas de última hora tenia el campo allanado para hacerse sin más problemas con el cuadro-.
Ambiente de subasta en el "Doudrot"

Para Anne, aquella era su primera experiencia en torno al mundo del arte en su versión subastas. Una atmósfera repleta de hombres y mujeres con mucha patina, entre los aromas del lujo, financieros de élite, representantes de museos y marchantes eran la fauna que conformaba aquel evento. Para Gérard todo aquello formaba parte de la cotidianidad de su profesión; lo que si era realmente novedoso era el amor, la pasión que sentia hacia Anne, -la mujer que en ese momento tensaba su mano, mientras con la otra se llevaba el vaso a sus labios-.
Apenas comenzada la subasta, un gouache de Vlaminck doblaba su precio de salida y al poco también hacia lo mismo un pequeño óleo de Matisse. Las cartulinas se iban sucediendo, mientras el público iba pujando y los profesionales, los marchantes iban cumpliendo lo pactado previamente entre ellos.
Óleo del pintor español Julio Romero de Torres

Mientras cenaban en una "brasserie" en el peculiar y pintoresco barrio de Montmartre; Gérard iba explicando a Anne algunas complejidades del mundo del arte. La forma de encender un cigarrillo, de beber, de entrar en un hotel de cinco estrellas, de coger un cuadro y mirar primero el bastidor antes que la pintura, de sentarse en el café Flore; cualquier cosa menos lo convencional y vulgar, siempre con un toque diferente a todo....El marchante no podía dejar de mirar el fondo de los ojos de su compañera, mientras llevaba a su boca un trocito de rape caramelizado y bañado en salsa de ostras. Su embriaguez amorosa iba subiendo conforme pasaba la noche. Regresaron a la Avenue Montaigne, donde se encontraba el hotel en el que se alojaban, el "Plaza Athénée". Gérard pidió que subieran una botella de champán a su suite. desde la cuál se divisaban a través de grandes ventanales las zonas adyacentes de Campos Elyseos y el barrio de Trocadero con su torre Eiffel, y sobre todo la propia Avenue Montaigne con todo su emporio comercial.
Gérard llenó las copas de champán, ofreció una de ellas a Anne y después brindaron juntos. El, que nunca había estado enamorado, -sólo de su profesión y vocación artística-, ahora se sentía dichoso y feliz ante la mujer que le había roto el corazón Y aunque la razón no fuera tan idílica o espiritual como enamorarse, también recordaba que esa tarde había adquirido un Romero de Torres por la tercera parte  del precio que se pagaría en España. Ya tenia pensado a quien vendérselo, un cliente admirador del pintor andaluz.
Barrio de Montmartre.

Anne fumaba un cigarrillo apoyada en uno de los sillones mientras miraba a través de los cristales el discurrir nocturno de la Avenue Montaigne, mientras Gérard se acercó a ella acariciando su media melena y besar su aterciopelada piel nacarina y buscar sus labios para así comenzar aquel ritual que tanto gustaba a ella. Besos lentos, como pasando de puntillas por su piel y boca, -como haciendo parar el tiempo-. Gérard sutilmente desnudó sus hombros para después dejar caer unos hilillos dorados de champán sobre la tersura de su piel hasta llegar a la refulgente luz de sus pechos, hermosamente torneados, con la textura de la seda. Continuó besando su cuello y su nuca, los lóbulos de las orejas,la frente, los ojos, mientras sus dedos acariciaban los labios de su boca. .....
A pesar de su pasión por el arte, la venta de cuadros, las subastas y todo aquel mundo envolvente, Gérard no hubiese cambiado aquellos instantes sublimes que habían sublimado a la vez su corazón. Aquellos momentos de inconmensurable felicidad junto a Anne  valían por toda una vida de arte, porque aquello era arte absoluto.........

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