"SACROMONTE"

"SACROMONTE"
"CONTRALUZ" (Detalle) Oil on canvas. Giovanni R.Tortosa

DESNUDO-FIGURA-PASTEL-GRAFITO-INTIMIDAD-REALISMO

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TORTOSA ART COLLECTION ---- giovannirtortosa@gmail.com

lunes, 12 de marzo de 2012

HISTORIAS de un MARCHANTE de ARTE. (BUENOS AIRES)


                                 Barrio de "La Boca"




El marchante internacional Gérard Torres había viajado hasta Buenos Aires para vender un dibujo de Modigliani a un coleccionista argentino de origen judío por el que pagaría la nada despreciable cantidad de 100.000 euros al cambio. Era uno de esos dibujos tamaño folio, a una sola línea representando un desnudo femenino , marca del genial pintor italiano. Habia reservado una suite en el Alvear Palace del no menos lujoso barrio de La Recoleta. Como de costumbre y después de haber desecho su equipaje, alojó el dibujo junto a los certificados de autenticidad en la caja fuerte de la suite, se refrescaría con una ducha y después de ajustar su cuerpo a uno de los trajes que había traído se encaminó a la busca de un restaurante cercano para picar algo. Aquella noche entró en "Oviedo", un local que había pertenecido a una familia asturiana y que ahora regentaba otra familia española pero de origen extremeño. Después de haber cenado algo y haber conversado con los propietarios, -cosa que siempre gustaba a Gérard-, tomó un taxi que le dejaria en el bar del "Chino", en pleno barrio tanguero de La Boca. El popular chino, su propietario era un enamorado del tango hasta las trancas. Recibía su apelativo de "chino" por sus ojos rasgados al modo oriental. Allí se daban cita los aficionados más raciales y puros, los de la esencia. Una vez entrada la noche aparecían una pareja de bailarines profesionales, los cuales ataviados con sus correspondientes trajes tangueros acometian su baile encima de la misma barra del bar, con la dificultad que conlleva moverse en esos parámetros. Nada más llegar el marchante español se le acecó uno de los camareros para saludarle. Gérard era conocido en el local, ya que lo frecuentaba en cualquier estancia en la capital bonaerense. Después de los protocolarios saludos, el camarero le comentó la presencia en el bar de la renombrada pintora argentina Alicia Petrone, y si este no tenia problema podría presentarsela, a lo que el marchante respondió afirmativamente.
-Alicia, quiero presentarte a Gérard, un cliente y amigo que vende pinturas.
-¿Eres marchante?
-Si, ando en ello; contestó Gérard.
-Todos los marchantes son unos hijos de puta-, exclamó Alicia.
-Estoy totalmente de acuerdo- respondió con ligera ironía Gérard.
La señora Petrone, de unos sesenta y tantos años, cabellos blancos y un rostro afilado, intentaba desafiar al recién conocido marchante. Después de inspeccionarle de arriba y abajo comprendió que Gérard reunia ciertas cualidades que ella exigia para no despreciar a una persona. No se le escapaba ningún tópico al hablar y no estaba sometido a convención social alguna. Y no eras nadie para ella si no calzabas zapatos de grán calidad. La señora quedó atraída por el gran desparpajo con que el marchante trataba a los tangueros. Entre la boria creada por el humo reinante del tabaco, los quejidos lastimeros del tango y un par de "gin-tonics", la pintora Petrone fue desgranando su vida al marchante. Había vivido en la ciudad soñada por todo argentino, París y aunque su tendencia natural siempre habían sido los hombres, vivió un tórrido romance con la también pintora argentina Leonor Finní. Leonor le había abierto muchas puertas en el ditirámbico mundo artistico parisino. Las pinturas de Alicia tenian el tango como su grán referente, habiendo gozado de notable éxito en algunos circulos de la capital gala. Pero la nostalgia que flagela a todo "porteño" le hizo retornar al Buenos Aires querido. Aunque su piel ajada por el tiempo dejaba entrever lo hermosa y bella que fuera antaño. Alardeaba de haber tenido en sus camas francesas a lo más granado de la sociedad parisina, aunque su verdadero y único amor lo encarnó un joven cantante de tangos, muerto prematuramente en un accidente. Aquél desenlace había dejado maltrecha su alma, en realidad fué un amor único apenas vivido y disfrutado. Por todo ello su veneración al tango y su mundo era absoluta; era más bien un homenaje póstumo a aquel amor efímero como una hoja en el otoño. Lo que empezó siendo una conversación desenfadada acabó con las lágrimas de Alicia mezclandose en los restos de "gin-tonics"....

Ambiente de café porteño.

-Excusame Gérard, vos entendés estas cosas, los artistas somos así de sensibleros.
-Por favor, no tienes que justificar nada, todos hemos vivido alguna vez esos reveses de la vida, mientras pasaba su mano por las mejillas húmedas y agrisadas por el rimel, a la vez que colocaba un suave beso en su frente como para sellar aquel instante de ternura....
-Disculpame vos por haber sido tan petulante y soberbia cuando dije que ustedes eran todos unos hijos de puta.
-Olvidate de ello Alicia, si en el arte no hay moral, ¿por qué debe haberla en los marchantes?, mientras miraba los ojos claros de la pintora. Al fin y al cabo nosotros alimentamos esa cosa llamada la "feria de las vanidades" de cierta gente rica o con cierto dinero...¡¡Qué más dá!!....
Alicia pretendia llevar a su casa al marchante, para que este viera sus cuadros, pero Gérard declinó amablemente su invitación, ya que al dia siuiente debia recibir a su cliente y necesitaba estar lo más fresco posible. Por lo que tomaron un taxi, dejando primero a Alicia en su casa para concluir en el hotel.

La popular calle "Caminito"

A eso de las once de la mañana Gérard tomaba una ducha, se afeitaba, acicalaba, incluso maquillaba ligeramente sus ojeras. Escogia una chaqueta de seda negra y unos pantalones vaqueros y corbata roja. Bajó a desayunar y luego haria tiempo hasta que llegase su cliente Alberto Ravachini. El lugar de encuentro serian los salones privados del hotel y Gérard se habia situado en una esquina un tanto tapada por unas columnatas con el fin de encontrar un lugar discreto para la operación. Sobre la una y cinco minutos apareció en el hall del hotel, Alberto el cliente de Gérard.
Gérard le recibió como se recibe a un ángel con maletín lleno de dinero.
-Un placer señor Ravachini-, a la vez que le estrechaba fuertemente la mano del argentino.
-Lo mismo le digo señor Torres-, espetó el coleccionista.
-Ardo en deseos de contemplar esa "joyita" que trajo-
-Nada mas sacar el dibujo y ponerlo sobre la mesa, los ojos del argentino se agrandaron y Gérard comenzó a percibir esa inexplicable sensación que los coleccionistas apasionados sienten ante una obra de arte soñada, esa pulsión erótica y la ansiedad por poseerla de inmediato, como si se tratara de una mujer. Delicadamente cogió el papel como un objeto sagrado y pasó los dedos por encima, como si acariciara los pechos virgenes de una adolescente....Gérard conocia esos pálpitos amorosos de los coleccionistas y disfrutaba de ello. Era una litúrgia que desencadenaba la energia que se esconde en ciertas obras de arte...
Después de hacerle entrega del dibujo y los certificados, el argentino abrió el portafolios negro para sacar el billetaje que allí moraba, mientras sugeria a Gérard le avisase de alguna otra cosa que el controlara en el mercado. Un apretón de manos cerró aquél trato y Alberto Ravachini desaparecia del hall del hotel, mientras Gérard se disponia a preparar el regreso.


Mientras esperaba embarcar en el avión sonó su teléfono, era Alicia que le recordaba la no visita a su casa, le reprochaba su olvido y que a ser posible le esperaria en su próximo viaje a Buenos Aires, queria regalarle un cuadrito suyo, con tema de tango, ¿cómo no?...




A Maria José Aguilar, que siempre me animó a escribir estas historias del controvertido mundo que es la "trastienda del arte".

Fotos, Giovanni Tortosa.

2 comentarios:

Maricel Divina Emperatriz dijo...

Gracias por la dedicatoria y encantada de leer tus historias, tan apasionantes, llenas de intrigas; la vida narrada en clave novela. Una vida al alcance de pocos, los singulares, los que tanto me llaman la atención, como tú, bohemios, noctívagos, soñadores, una raza de seres diferentes, revestida de sus misma pasiones pero que planea por el universo infinito de las sensibilidades más excelsas y exquisitas y poseedores de una visión de la vida reservada para los que contais con el don del artista.
Siempre te animé y te seguiré animando a que compartas tus viviencias y fantasías con nosotros, los otros, los que llevamos una vida más mundana y normalita, tus palabras y escritos son agua que sacian mi necesidad de conocer otras formas de vida.
Ya sabes soy tu fan, tu fiel seguidora y tu amiga incondicional.

GiovanniTortosa dijo...

Emperatriz Divina, tu prosa sabe a gloria, cada vez más recóndita. Así es, tu me animaste a escribir esas historias que dejaron buen poso en uno. Si antes no lo hice fué por ese sentido mio del pudor, porque parecen de otro mundo y asi son, de esa "trastienda del mundo del arte" que poca gente conocemos y cuyas experiencias serian increibles para la grán mayoria. Es como casi vivir en otro planeta...A pesar de todo y como tu dices, soy un privilegiado por pertenecer a ese raro universo donde uno tendría que pagar en vez de que le paquen a uno....Un beso muy grande y nos veremos proximamente en el "paradiso", ese edén tuyo....